Somos las dos personas que están detrás de la barra de Kettle & Crane, en la esquina de la Indische Buurt. Este es el primer artículo de nuestro diario, así que nos pareció justo empezar contándoos quiénes somos.
Maksim
Crecí en Pinsk y pasaba los veranos en el pueblo de mi abuela, cogiendo setas al amanecer y escuchando pasar a las grullas. Me pasé ocho años escribiendo software, primero en Minsk y luego en Ámsterdam, adonde me mudé en enero de 2021. Por el camino me compré un tostador diminuto para el balcón e hice saltar la alarma de humo dos veces. Ahora tuesto aquí los lunes y los jueves.

Ese soy yo en 2021, en el balcón de mi primer piso en Ámsterdam, unos cuatro segundos antes de que la alarma de humo saltara por segunda vez. La foto la hizo mi vecino, que después me denunció ante el administrador del edificio.
Dos meses después de llegar fui a una cata abierta en Oud-West con un refractómetro y una libreta, porque quería medir lo que estaba saboreando. La mujer que la dirigía se quedó mirando el refractómetro un buen rato.
La tetera de esmalte rojo con lunares blancos, en la balda que hay encima de nuestra máquina de espresso, era de mi abuela Halina. La ponía al fuego para cada visita. No funciona, y no está a la venta, por muy amablemente que lo pidáis.
Inés
Crecí en Zaragoza tomando café con leche en el bar de mi tía, hecho con granos tostados con azúcar hasta que brillaban. Dos años en Melbourne me enseñaron a qué podía saber el café. Me mudé a Ámsterdam en 2019, llevé un bar en Oud-West y quedé cuarta en el Campeonato Neerlandés de Baristas de 2023. Todavía saco a relucir ese cuarto puesto.

Esa soy yo en 2023, en el escenario, a los once minutos de una rutina de quince, todavía convencida de que podía ganar. Quedé cuarta.
Era yo quien dirigía aquella cata, y le pregunté al del refractómetro si era inspector. Volvió todos los sábados durante seis semanas antes de pedirme salir, a un puesto de arenques. Todavía se lo echo en cara.
Por qué Ámsterdam
Estamos juntos desde mayo de 2021. Cuando empezamos a hablar de montar un local, Ámsterdam era el sitio evidente. Ninguno de nuestros dos países servía para los dos, y esta es la ciudad a la que cada uno había llegado como forastero. Aquí, un café que funciona en inglés, español, neerlandés y bielorruso es lo más normal del mundo.
La tetera y la grulla
La tetera de nuestro nombre es la que está encima de la máquina. La grulla es el pájaro que los dos crecimos mirando. Las grullas comunes anidan en verano en los pantanos de alrededor de Pinsk y pasan el invierno en la laguna de Gallocanta, al sur de Zaragoza. En Gallocanta se han contado aves anilladas en Polesia. Os contaremos la historia completa cuando vuelvan a volar hacia el sur en octubre.
Este diario tendrá un artículo a la semana, escrito por uno de los dos o por ambos, y firmado para que sepáis con quién discutir. Habrá tueste, café en casa, las fincas del Huila, la gente que trabaja aquí y la comida con la que crecimos.
Venid a saludarnos. La barra abre a las 7:30 todos los días laborables, y los lunes y jueves el tostador está en marcha detrás del cristal, en la trastienda. Llamad y os enseñamos lo que hay en el tambor.
Inés y Maksim

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